Este
fin de semana fuimos testigos de un hecho repetido pocas veces, me refiero a la
presencia del Papa Benedicto XVI en nuestro país, el máximo jerarca de la
iglesia católica, esto provoco una gran avalancha.
Esto
lo digo porque la televisión abierta se rindió a los pies de este señor,
llegaban momentos, la mayoría, en los cuales cinco de los once canales de
televisión abierta estaban transmitiendo lo mismo, el discurso del PAPA… el
recorrido del PAPA… los saludos del PAPA… etc.
La
verdad esto lo debe de agradecer Héctor Bonilla, porque gracias a la presencia
multiplicada de Benedicto en las pantallas, ya nos olvidamos del hartazgo causado
por los spots del actor.
Esto
podría ser algo normal para muchos, pero con esto se abren diferentes
interrogantes: ¿Cuándo viene algún líder de otra religión hacen la misma
cobertura?, ¿se recibe de la misma forma a los mandatarios o lideres de otros países?,
¿Dónde quedo el país laico en el que vivimos?
Dentro
de este contexto también debemos saber ¿dónde quedaron las noticias?, porque
los noticieros se convirtieron en una revista papal, todo era el Papa, únicamente
les falto sacar cuando Benedicto estuviera en el baño.
Al
parecer de algún modo se cumplió lo que los mexicanos esperaban con la llegada
del máximo jerarca católico al país, se elimino la violencia, pero tranquilos,
hablo de la realidad televisiva, ya que como lo mencione antes los hechos
nacionales pasaron de largo, antes las “noticias” de la visita papal.
De
esta forma, en los televisores no vimos muertes o acciones involucradas con el narcotráfico
o los carteles de la droga.
Por
último me gustaría destacar un hecho relevante convertido en pregunta, ¿Por qué
Canal 11 o Canal 22 no transmitieron de igual manera este evento?, esta duda
surge debido a que el primero es el canal del estado, que de alguna manera ante
la visita de estado del líder del Vaticano, debería ser transmitido por él; por
otro lado Canal 22 es el canal máximo de la cultura en México, acaso ¿la religión
no es cultura?
Solo
espero que la gente no se siga dejando llevar por lo que los medios quieren y
no por lo que la sociedad pueda pensar, aunque lastimosamente esto, está muy
lejos de suceder.
